La huella de carbono consiste en la cuantificación y comunicación de las emisiones de CO2e de los GEI asociadas directa o indirectamente a un producto, a lo largo de su ciclo de vida a partir de los estándares internacionales más reconocidos actualmente. En este trabajo nos referiremos simplificadamente a las emisiones de CO2, aunque estrictamente nos estaremos refiriendo a las emisiones de CO2 equivalentes para obviar el resto de gases en los resultados.

El ciclo del carbono (figura) es la sucesión de cambios de los compuestos que forman los átomos de carbono junto con otros elementos a lo largo del tiempo. Las plantas y ciertos microorganismos, a través de la fotosíntesis, fijan el CO2atmosférico al mismo tiempo que liberan oxígeno a la atmósfera. Parte del carbono fijado en las plantas es consumido por la propia planta para obtener energía y parte es consumido por los animales, también para obtener energía. El proceso de obtención de energía se realiza por respiración, proceso en el que se combinan el oxígeno atmosférico con las moléculas que contienen el carbono fijado por las plantas y se devuelve a la atmosfera en forma de CO2. Los seres vivos marinos realizan el mismo proceso tomando el oxígeno o CO2 del agua y devolviendo estos mismos elementos al agua. Entre las superficies de los océanos y la atmósfera existe un intercambio de carbono que permite este ciclo. La descomposición de plantas y animales muertos devuelve el carbono a la atmósfera. En determinadas situaciones la materia orgánica se sedimenta en zonas en la que no es posible su descomposición, impidiendo que el carbono sea devuelto a la atmósfera. Este proceso implica que parte del carbono se retire del ciclo y se acumule en la litosfera generando los depósitos orgánicos fósiles (principalmente esquistos petrolíferos, carbón y petróleo). La cantidad de materia orgánica que se retira es muy pequeña y la velocidad muy lenta por lo que, teniendo en cuenta nuestra escala temporal, se puede considerar que el ciclo del carbono atmósfera-biosfera-hidrosfera está en equilibrio. Los depósitos de orgánicos fósiles acumulados en la litosfera antes de la Revolución Industrial tardaron cientos de millones de años en crearse. Desde la Revolución Industrial, la humanidad ha usado las reservas de combustibles fósiles para obtener energía (actualmente, el 80% de la energía usada en el mundo tiene origen fósil). La velocidad de consumo es de millones de veces más rápida que la de su formación. La combustión de estos combustibles generan grandes cantidades de CO2 que, aunque no sean significativas en relación al ciclo natural del carbono (menos del 3%), generan un desequilibrio al no verse compensadas por ninguna actividad que absorba ese CO2 y lo devuelva al depósito litosférico de donde se ha extraído.

Figura: Ciclo del carbono y sus velocidades [Cuchí, A., et al., 2007; fuente: PICC]

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